Manuel Barreiro es ya una institución de la cerámica en Compostela, donde se asienta con el gentilicio de los paparolos grovenses. Es un viejo amigo ceramista vinculado al Seminario de Sargadelos desde hay más de veinte años. Hoy tiene una obra de ceramista y es escultor de mucho mimo, además de maestro transmisor de estas cosas, que el Seminario viene siguiendo con atención.
Este ceramista es por lo demás biólogo, mas prefiere trabajar en la cerámica, y solo por esta circunstancia tiene, para el hombre, en la vida que nos dieron, modificada por el profesor cultural. La cerámica no es un oficio más, creado a la vuelta de la esquina para hacer cualquier cosa, sino todo un destino del hombre que se enraíza a las razones geológicas de su existencia. Es algo que está estigmatizado en su conocimiento, y puede que la inteligencia del hombre le deba mucho a la cerámica en su formación, aprendiendo a darle forma a la tierra para satisfacer necesidades y convertir luego esos productos formados en materia definitiva.
Manuel Barreiro, ceramista, escultor, biólogo, que ya anduvo mucho haciendo experiencias de todo tipo, nos trae hoy estos hombres de cerámica recortada, lo que de por sí tiene un sentido de expresión que se completa, para darle más fuerza, con esa denominación que él les pone de «Homiños» y no porque se trate de piezas relativamente pequeñas sino por el contenido étnico de cada una de esas piezas.
Manuel Barreiro, ‘Paparolo’, es un expresionista. Nos quiere decir algo y hay que poner atención para escuchar, para entender, el mensaje que nos quiere transmitir.
Díaz Pardo, abril de 1992, prólogo de la exposición en la sala de exposiciones Casa da Parra.
Manuel Barreiro es ya una institución de la cerámica en Compostela, donde se asienta con el gentilicio de los paparolos grovenses. Es un viejo amigo ceramista vinculado al Seminario de Sargadelos desde hay más de veinte años. Hoy tiene una obra de ceramista y es escultor de mucho mimo, además de maestro transmisor de estas cosas, que el Seminario viene siguiendo con atención.
Este ceramista es por lo demás biólogo, mas prefiere trabajar en la cerámica, y solo por esta circunstancia tiene, para el hombre, en la vida que nos dieron, modificada por el profesor cultural. La cerámica no es un oficio más, creado a la vuelta de la esquina para hacer cualquier cosa, sino todo un destino del hombre que se enraíza a las razones geológicas de su existencia. Es algo que está estigmatizado en su conocimiento, y puede que la inteligencia del hombre le deba mucho a la cerámica en su formación, aprendiendo a darle forma a la tierra para satisfacer necesidades y convertir luego esos productos formados en materia definitiva.
Manuel Barreiro, ceramista, escultor, biólogo, que ya anduvo mucho haciendo experiencias de todo tipo, nos trae hoy estos hombres de cerámica recortada, lo que de por sí tiene un sentido de expresión que se completa, para darle más fuerza, con esa denominación que él les pone de «Homiños» y no porque se trate de piezas relativamente pequeñas sino por el contenido étnico de cada una de esas piezas.
Manuel Barreiro, ‘Paparolo’, es un expresionista. Nos quiere decir algo y hay que poner atención para escuchar, para entender, el mensaje que nos quiere transmitir.
Díaz Pardo, abril de 1992, prólogo de la exposición en la sala de exposiciones Casa da Parra.